Sobrepeso, Obesidad, Dietas y las Miradas

22 de febrero de 2026by Pablo Scuzzarello

Cuando el cuerpo queda atrapado: en la peor mirada ajena

Jean-Paul Sartre escribió una vez: “El infierno son los otros”. La frase suele repetirse como una consigna de fastidio social, pero puede leerse de otro modo: el sufrimiento no proviene simplemente de que existan los otros —porque sin otros no habría identidad posible—, sino de quedar fijado en una mirada o en una definición que parece decirlo todo sobre uno. El sufrimiento que aparece cuando una persona queda atrapada en la mirada del otro, en su juicio, en su clasificación, en su palabra.

El problema no es la existencia de los otros —porque nuestra identidad se construye en relación—, sino cuando una mirada o una palabra se vuelve rígida y deja poco margen para que alguien pueda decir algo diferente sobre sí.

En consulta, esta frase puede adquirir una densidad especial cuando hablamos de sobrepesoobesidad y dietas. No solo por el cuerpo en sí, sino por todo lo que se deposita sobre él: comentarios, burlas, exigencias, diagnósticos improvisados, consejos no pedidos, comparaciones, y una presión constante para “verse mejor”, “comer mejor”, “tener más voluntad”.

A veces, el problema no empieza únicamente en la balanza. Empieza en una escena: una comida familiar, una foto, una mirada en silencio, una frase dicha como chiste. Ahí, el cuerpo comienza a ser experimentado como un objeto expuesto.

En TuDivanPsi, desde una lectura clínica y psicoanalítica, vale la pena abrir una pregunta distinta:

¿Qué pasa cuando el cuerpo se vuelve el lugar donde se inscribe una historia de sufrimiento, vergüenza o demanda? Y, sobre todo, ¿Qué lugar pueden tener la terapia y la palabra cuando alguien vive en guerra con su cuerpo y con las dietas?

 

Sobrepeso y obesidad desde la psicología: cuando el problema no es solo el peso

Hablar de sobrepeso y obesidad desde la psicología no significa negar los aspectos médicos o nutricionales. Significa reconocer que el cuerpo humano no es solo biología: también es historia, vínculo, lenguaje, angustia, deseo, defensa y síntoma.

Muchas personas llegan a terapia diciendo: “Necesito bajar de peso”, pero al comenzar a hablar aparece otra cosa: una separación reciente, una pérdida, una ansiedad persistente, una sensación de vacío, una vida organizada alrededor de la exigencia, o una larga historia de humillaciones ligadas al cuerpo.

Desde esta perspectiva, el peso puede ser un tema importante, sí, pero no siempre es el único. En algunos casos, incluso, se vuelve la “cara visible” de un sufrimiento más complejo. La comida puede cumplir otras varias funciones: calmar, tapar, acompañar, ordenar, anestesiar, premiar, castigar.

Por eso, cuando trabajamos obesidad y salud mental, conviene evitar dos errores frecuentes:

    • reducir todo a “falta de disciplina”;
    • reducir todo a “trauma”, como si hubiera una sola causa para todos.
    • reducir todo a: “falta de voluntad”

Cada historia tiene su lógica. La tarea clínica no es imponer una explicación, sino leer cómo se armó esa relación con el cuerpo y con la comida en esa persona particular en su contexto, en su época.

A veces, más que el peso en sí, conviene escuchar las palabras que se repiten cuando hablamos del cuerpo: “siempre”, “nunca”, “fracaso”, “no puedo”, “soy así”.
Esas palabras suelen contar una trama más compleja que los números de la balanza.

El problema no es solo el peso

Relación con la comida y ansiedad: comer no siempre responde al hambre física

Una de las búsquedas más frecuentes hoy es: “relación emocional con la comida y ansiedad”. Y no es casual. Muchas personas reconocen que comen “sin hambre”, pero no logran entender qué les pasa.

En consulta, aparecen frases como:

    • “Cuando estoy ansiosa, necesito masticar algo.”
    • “Si tengo un día malo, me descontrolo con la comida.”
    • “De noche me cuesta parar.”
    • “Todo el día me controlo, y después exploto.”


No se trata de “debilidad moral”.
 Se trata de una forma de regulación psíquica que se fue instalando. La comida puede funcionar como respuesta rápida frente a estados difíciles de nombrar: angustia, enojo, soledad, cansancio extremo, frustración, sensación de injusticia, vacío afectivo.

Aquí es importante una distinción clínica: entender no es justificar, pero tampoco sirve culpabilizar. Si una conducta se repite, es porque cumple alguna función. El trabajo inicial consiste en ir haciendo visible esa función, para que la persona no quede condenada a repetirla sin saber por qué, que pueda empeza a advertir este lazo.

Cuando alguien dice “no puedo parar de comer”, muchas veces lo que está diciendo —sin saberlo del todo— es: “No encuentro otra forma de tramitar lo que me pasa”.

Si algo se repite durante años, incluso cuando nos hace sufrir, probablemente esté cumpliendo una función importante en nuestra vida, aunque no lo sepamos.

¿Por qué las dietas no funcionan a largo plazo?

Otra búsqueda muy común es: “por qué las dietas no funcionan a largo plazo”Esta pregunta es valiosa porque corre el foco de la culpa individual y permite pensar el problema de otro modo.

Muchas personas han hecho múltiples dietas. Algunas bajan peso, otras no. Pero incluso cuando “funcionan” al principio, con frecuencia aparece después un retorno del peso, una relación más ansiosa con la comida, o una sensación de fracaso personal.

¿Qué suele pasar?

    1. 👉 La dieta se vive como mandato externo
      No como una decisión, sino como una orden: “deberías”, “tenés que”, “así no podés seguir”.
    2. 👉 Aumenta la lógica de control vs. descontrol
      Todo queda dividido entre “portarse bien” y “arruinarlo todo”. Esta lógica extrema suele alimentar la culpa y la repetición.
    3. 👉 No se escucha el sufrimiento que sostiene el síntomaSi la comida ha venido a cumplir una función, imponer una dieta estricta puede suprimir esa solución sin ofrecer otra vía para tramitar aquello que la persona no logra aún poner en palabras.
    4. 👉 La identidad queda atrapada en el rendimiento
      La persona empieza a medirse solo por resultados visibles: kilos, ropa, aprobación. Y cualquier cambio se vive como examen.

 

Esto no significa que toda dieta sea inútil o que no haya lugar para acompañamiento nutricional. Significa que, en muchos casos, una intervención centrada solo en la dieta «peso-centrista» deja afuera lo más decisivo:

La relación que cada persona tiene con su cuerpo y con las expectativas que la atraviesan.

Autoestima, imagen corporal y obesidad: el peso de la mirada de los otros

Si retomamos a Sartre, podemos decir que para muchas personas con sobrepeso u obesidad, “el infierno” no es solamente el cuerpo: es la mirada social sobre ese cuerpo.

La autoestima no se daña de un día para otro. Se erosiona en pequeñas escenas repetidas:

    • el comentario familiar disfrazado de preocupación;
    • el médico que solo habla del peso;
    • la ropa que no entra;
    • la foto que da vergüenza;
    • la comparación con otras personas;
    • la idea de que “primero tengo que bajar de peso para recién ahí vivir”.


La persona empieza a mirarse solo
con los ojos de los otros que «únicamente peor la miran». Y ese es un punto de sufrimiento muy profundo: cuando el cuerpo ya no se siente como propio, sino como una superficie evaluada.

En terapia, no se trata de repetir eslóganes del tipo “querete como sos” si eso no produce ningún efecto. Se trata, más bien, de crear un espacio donde la persona pueda hablar sin ser reducida a su peso, y donde el cuerpo deje de ser solo un objeto de juicio para volver a inscribirse en una historia, en una experiencia, en una subjetividad.

A veces, ese movimiento ya es un cambio importante: pasar de “soy un problema” a “tengo un sufrimiento que puedo empezar a entender”.

Cuanto más nos exigimos y nos castigamos, más se vuelve difícil sostener el cambio. La autoexigencia extrema no suele generar cuidado, sino más culpa.

Sobrepeso, obesidad y el peso de la mirada

Terapia psicológica para sobrepeso y obesidad

¿Por qué? Porque muchas personas ya están agotadas de las promesas rápidas. Buscan otra cosa: una forma más seria, más humana y más sostenible de abordar su malestar.

 

Desde una mirada clínica, la terapia psicológica puede ayudar a:

    • Ubicar qué afectos precipitan la ingesta (qué afectos empujan a comer)
      allí donde comer aparece como respuesta a algo que no siempre logra decirse; hacer lugar a aquello que irrumpe en la ingesta y no encuentra aún palabra.

    • Leer la lógica de los ciclos de restricción y desborde
      no como falla moral, sino como un modo de organización del sufrimiento; leer la repetición entre prohibición y desborde como respuesta, y no solo como fracaso;

    • Trabajar la culpa y la autoexigencia e ideales imposibles
      que tantas veces sostienen la repetición en nombre de un ideal imposible; desarmar la crueldad de la culpa y de los ideales que exigen perfección.

    • Revisar, interrogar, los mandatos familiares en torno al cuerpo y la comida
      para abrir una distancia respecto de esas «voces’ que aún ordenan; ubicar ese «pensamiento o voz» de los mandatos heredados sobre el cuerpo y la comida.

    • Trabajar duelos, pérdidas y escenas de angustia
      cuando el comer ha venido a ocupar un lugar de sostén frente a lo insoportable.

    • Recuperar un vínculo menos persecutorio y hostil con el cuerpo
      para que deje de ser solo superficie de juicio y pueda volver a sentirse como un lugar habitable.

 

Esto no compite con un abordaje médico o nutricional; al contrario, puede potenciarlo, porque vuelve más posible el sostén subjetivo de cualquier cambio. Cuando una persona empieza a escucharse de otra manera, las decisiones sobre cuidado también pueden transformarse.

Lo importante es salir del circuito de violencia: castigo → dieta extrema → caída → culpa → nuevo castigo.

A veces no es el cuerpo el que está “mal”, sino la relación que fuimos construyendo con él a lo largo del tiempo. Y esa relación se puede revisar y transformar.

Cómo empezar un tratamiento psicológico

Muchas personas buscan ayuda recién cuando sienten que “ya probaron todo”. Y aun así, dudan. Por vergüenza, por miedo a ser juzgadas, o porque creen que un psicólogo les va a decir simplemente “tenés que quererte más”.

Un tratamiento psicológico por ansiedad, dietas y relación con la comida no parte de una receta moral. Puede partir de preguntas. Algunas muy simples, pero muy importantes:

    • ¿Cuándo empezó a ser un problema para vos?
    • ¿Qué pasa antes de comer de más, o antes de restringirte?
    • ¿Qué escenas se repiten?
    • ¿Qué lugar ocupa la mirada de los demás en tu sufrimiento?
    • ¿Qué intentaste hasta ahora?
    • ¿Qué te pasa cuando “te sale bien” y cuando “te sale mal”?

 

En TuDivanPsi, un trabajo de este tipo puede empezar online, en un espacio donde no se trate de corregirte sino de escuchar y leer escenas, patrones, repeticiones. En algunos casos, también conviene articular con nutrición y medicina, especialmente si hay indicadores de riesgo físico o comorbilidades.

Pedir ayuda es el primer gesto de cuidado no punitivo.

 

Sobrepeso, obesidad y dietas: salir de la guerra con el cuerpo

La cultura de la dieta suele prometer control, pero con frecuencia produce guerra. Y en una guerra, el cuerpo deja de ser un lugar habitable.

Por eso, quizás la pregunta no sea solo “cómo bajar de peso”, sino también:

    • ¿Cómo dejar de vivir en odio con mi cuerpo?
    • ¿Cómo entender mi relación con la comida sin humillarme?
    • ¿Cómo salir de la lógica de castigo?
    • ¿Cómo construir una forma de cuidado que no dependa solo de la mirada ajena?

 

Volvamos a Sartre: “El infierno son los otros” no porque haya que vivir sin vínculos, sino porque algo se vuelve insoportable cuando una persona queda encerrada en el juicio del otro. En temas de cuerpo, sobrepeso, obesidad y dietas, eso pasa mucho más de lo que se dice.

La terapia puede abrir una vía: no una salida mágica ni una solución inmediata, sino la posibilidad de que algo del sufrimiento se diga de otro modo. Un espacio donde el mandato pierda parte de su fuerza, donde el síntoma pueda ser interrogado en su función, y donde el cuerpo deje de quedar enteramente capturado por la culpa y la exigencia.

Si este tema te atraviesa, no estás solo/a, a veces, la primera consulta no cambia todo; pero sí puede cambiar algo esencial: dejar de estar a solas con el problema.

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