Si vivís con sobrepeso u obesidad, probablemente conoces: el “todo”
No habla de comer “mejor”, sino de que algo caiga y deje de organizar la vida alrededor de la comida.
La frase apunta a que el exceso no se resuelve solo «regulando la comida», sino cambiando la posición de quien padece, frente a eso que insiste en el cuerpo.
Comer de todo, sin que el todo te coma.
Significa que el exceso no se resuelve solo regulando la comida, sino desplazando la posición desde la que alguien queda tomado por eso.
En la relación con la comida, no es el solo el «hambre» lo que nos mueve.
Cuando comemos sin medida, no es solo gula.
La comida se convierte en un “todo” que nos arrastra, que nos domina.
Y allí, quien lo padece, simplemente desaparece de la escena:
ya no elegimos, sino que la comida decide por nosotros.
“Comer de todo, sin que el todo te coma”
Significa justamente recuperar un lugar; otro mas deseante, y salir de esa posición de esclavo.
Significa que la comida deja de ocupar el lugar de amo y vuelve a ser lo que debería ser: un objeto del que se puede disfrutar, sin quedar devorado por él.
No se trata de prohibirse nada.
Se trata de poner un corte «simbólico»: un un «borde», un «límite».
Porque no estamos hechos para completarnos con la comida.
El exceso nace de la ilusión de que podemos llenar un vacío con alimento.
Pero cuando introducimos un límite, aparece otra cosa:
el deseo, la libertad de decidir.
Comer de todo, sin que el todo te coma,
es aprender a habitar la incompletud,
no somos perfectos, nadie lo es!
Significa justamente recuperar un lugar —un lugar más deseante— y salir de esa posición de esclavo.
Pero ese movimiento no es sin costo.
Como dice el tango Cuesta abajo, de Alfredo Le Pera y Carlos Gardel:
“La vergüenza de haber sido
y el dolor de ya no ser…”
Porque cuando alguien empieza a salir de esa posición, aparece algo de esa experiencia:
la vergüenza de haber sido ese objeto degradado, mal nombrado, reducido a un resto.
Y que suele tomar la forma de palabras que quedaron pegadas al cuerpo, como por ejemplo:
“inútil”, “no servís para nada”, “sos un desastre”, “siempre igual”, “no tenés voluntad”, “mirá cómo estás”…
Pero también aparece el dolor de ya no serlo.
Es decir: era un lugar miserable, un lugar de desecho… pero era un lugar al fin.
Y dejarlo implica también perder esa identidad que, aunque dolorosa, organizaba algo de la vida.
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