Comer de todo, sin que el todo te coma: Sobrepeso, obesidad y dolor

7 de marzo de 2026by Pablo Scuzzarello

Si vivís con sobrepeso u obesidad, probablemente conoces: el “todo”

Todo el día pensando en comida.

Todo o nada.
Todo el paquete.
Todo el plato.

Y después… «toda la culpa».

Pero el problema no es “falta de voluntad”, y eso, muy bien, ¡Ya lo sabes!

Muchas veces, el “todo” aparece cuando algo duele.

¡Y esto, también lo sabes!

Cuando hay ansiedad.
Soledad.
Dolor
Cansancio.
Cuando necesitas algo… y no sabes bien qué.

La comida calma.
Pero no resuelve.

Por eso no se trata de prohibirte alimentos.

Las prohibiciones terminan en más exceso.

Se trata de empezar a preguntarte:


🤔 ¿Qué estoy buscando cuando quiero todo?

🤔¿Es hambre… o es otra cosa?

 

Es hambre… o es otra cosa

 

Comer de todo es posible.
Pan.
Postre.
Pasta.

Sin culpa…

PERO hace falta un «borde», algo que haga «límite».

Un “hasta acá”.
Un “esto me alcanza”.

 

No para castigarte.
Sino para cuidarte.

Porque cuando advertís lo que te pasa, lo que realmente pesa, es cuando dejas de pelearte con la comida.

Cuando empezas a notar que ese exceso no se trata solo de comer, sino de algo que intenta decirse…

Cuando empezás a notar que ese exceso no responde al hambre, sino a algo que busca expresarse… 

El todo ya no te arrastra.

Comer de todo, sin que el todo te coma,
es dejar de luchar contra tu cuerpo
y empezar a habitarlo. 

No se trata de comer perfecto ni de controlarlo todo.
No habla de comer “mejor”, sino de que algo caiga y deje de organizar la vida alrededor de la comida.
Cuando la comida deja de ser una pelea permanente —prohibiciones, atracones, culpa— el cuerpo deja de ser un campo de batalla y pasa a ser un lugar que se puede habitar
La frase apunta a que el exceso no se resuelve solo «regulando la comida», sino cambiando la posición de quien padece, frente a eso que insiste en el cuerpo.

Comer de todo, sin que el todo te coma.

Significa que el exceso no se resuelve solo regulando la comida, sino desplazando la posición desde la que alguien queda tomado por eso.

En la relación con la comida, no es el solo el «hambre» lo que nos mueve.
Cuando comemos sin medida, no es solo gula.
La comida se convierte en un “todo” que nos arrastra, que nos domina.

Y allí, quien lo padece, simplemente desaparece de la escena:

ya no elegimos, sino que la comida decide por nosotros.

“Comer de todo, sin que el todo te coma”

Significa justamente recuperar un lugar; otro mas deseante, y salir de esa posición de esclavo.

Significa que la comida deja de ocupar el lugar de amo y vuelve a ser lo que debería ser: un objeto del que se puede disfrutar, sin quedar devorado por él.

No se trata de prohibirse nada.
Se trata de poner un corte «simbólico»: un un «borde», un «límite».

Porque no estamos hechos para completarnos con la comida.

El exceso nace de la ilusión de que podemos llenar un vacío con alimento.
Pero cuando introducimos un límite, aparece otra cosa:
el deseo, la libertad de decidir.

Comer de todo, sin que el todo te coma,


es aprender a habitar la incompletud,
no somos perfectos, nadie lo es!

 

Significa justamente recuperar un lugar —un lugar más deseante— y salir de esa posición de esclavo.

Pero ese movimiento no es sin costo.

Como dice el tango Cuesta abajo, de Alfredo Le Pera y Carlos Gardel:

“La vergüenza de haber sido
y el dolor de ya no ser…”

Porque cuando alguien empieza a salir de esa posición, aparece algo de esa experiencia:
la vergüenza de haber sido ese objeto degradado, mal nombrado, reducido a un resto.

Y que suele tomar la forma de palabras que quedaron pegadas al cuerpo, como por ejemplo:

“inútil”, “no servís para nada”, “sos un desastre”, “siempre igual”, “no tenés voluntad”, “mirá cómo estás”…

Pero también aparece el dolor de ya no serlo.

Es decir: era un lugar miserable, un lugar de desecho… pero era un lugar al fin.

Y dejarlo implica también perder esa identidad que, aunque dolorosa, organizaba algo de la vida.

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