Psicoanálisis e Infertilidad: ¿Por qué no quedo embarazada si está todo bien?

12 de abril de 2024by Pablo Scuzzarello

Enfoque crítico sobre la biologización y medicalización del malestar

“…Porque alguien me escucha y quiere descubrir el enigma de los malestares de mi cuerpo,
estos malestares cobran un sentido en mi historia,
tal vez así podrán desaparecer alguna vez…”
— Juan David Nasio

Cuando la respuesta no aparece

Muchas personas llegan con una pregunta que angustia:

“Si médicamente está todo bien… ¿por qué no puedo quedar embarazada?”

Ya se hicieron estudios.
Consultaron especialistas.
Intentaron distintos tratamientos.

Y sin embargo, la respuesta no aparece.

En ese punto suelen aparecer también ciertas frases conocidas:

“relajate…”
“dejá de pensar…”
“ya va a pasar…”

O incluso:
“es estrés”.

Sin embargo, reducir todo al estrés muchas veces simplifica demasiado la situación.
Trabajo esta idea en 👉 El estrés no explica todo: otras formas de pensar la dificultad para quedar embarazada

Pero esas respuestas, lejos de ayudar, muchas veces aumentan la frustración.

Porque no explican nada.

La rápida medicalización

Hoy en día, cuando un embarazo se demora, la respuesta suele ser rápida:
más estudios, más controles, más intervenciones.

Vivimos en una época en la que se promueve la idea de que podemos decidir casi todo:
cuándo trabajar, cuándo formar pareja, cuándo tener hijos.

Y cuando algo no ocurre en el momento esperado, aparece la sorpresa:

“¿Cómo puede ser, si yo quiero?”

Pero la experiencia humana no funciona solo por voluntad.

No todo depende de decidirlo.

¿Somos solo biología?

La medicina es fundamental, sin duda.
Y los avances en técnicas de reproducción han abierto posibilidades muy valiosas.

Pero hay algo que conviene no perder de vista: el cuerpo humano no es solo un organismo biológico.

Nuestra historia, nuestros vínculos, lo que vivimos, lo que se dijo —y también lo que no se pudo decir—
forman parte de cómo ese cuerpo funciona.

No se trata de oponer lo médico a otra cosa,
sino de reconocer que no todo puede explicarse únicamente desde lo biológico.

El cuerpo también es historia

Desde que nacemos —incluso antes—, estamos en relación con otros.

el cuerpo no es primero biológico y después influenciado
sino que se va constituyendo en una trama…

Un bebé que llora no es solo un cuerpo reaccionando.
Alguien interpreta ese llanto:

“tiene hambre”
“tiene frío”
“quiere brazos”

Es decir: ese cuerpo ya está siendo leído, entendido, nombrado.
Desde antes del inicio,
el cuerpo humano está atravesado por sentidos, por palabras, por la historia.

Por eso no somos solo biología.

Cuando no hay causa aparente

En algunos casos, la medicina habla de: “Esterilidad sin causa aparente” (E.S.C.A.)

Este diagnóstico, cada vez más frecuente, merece ser pensado con mayor detenimiento.

Es decir: no hay una alteración orgánica detectable que explique la dificultad.

Si querés entender mejor qué significa exactamente este diagnóstico, podés leer: 👉 Infertilidad sin causa aparente: ¿Qué significa realmente?

Y muchas veces se aclara rápidamente:

“esto no quiere decir que sea psicológico”.

Y está bien decirlo, para evitar simplificaciones.

Pero quizás también habría que preguntarse:

¿por qué descartar tan rápido todo lo que no entra en un estudio médico?

Porque que no haya una causa visible, no significa que no esté pasando nada.

De hecho, muchas personas consultan justamente por eso.

No es “todo psicológico

Esto es importante decirlo con claridad:

No se trata de que “la mente bloquee el cuerpo”.
No se trata de que “hay un problema interno que impide embarazarse”.

No es una relación directa ni lineal.

Pero tampoco somos máquinas biológicas aisladas.

Lo que vivimos también deja marcas en el cuerpo.

No como una causa simple,
sino como parte de una trama más compleja.

El peso de los vínculos

En muchas historias aparecen elementos que no siempre se consideran:

  • presiones familiares (“¿para cuándo el bebé?”)
  • mandatos (“tenés que ser madre”)
  • duelos no elaborados
  • miedos que no encuentran palabras
  • experiencias previas que dejaron marcas

Nada de esto se ve en un análisis médico clínico.
Pero forma parte de cómo alguien vive su deseo y su cuerpo.

Y eso tiene efectos.

Cuando el diagnóstico se vuelve identidad

No es raro escuchar: “soy estéril”

Y ahí algo se fija.

La persona deja de tener un problema
y pasa a ser eso.

Ese modo de nombrarse puede dar una falsa certeza,
pero muchas veces aumenta el sufrimiento.

Porque encierra.

Los consejos que no ayudan

En este recorrido suelen aparecer todo tipo de indicaciones:

“relájense”
“hagan un viaje”
“no piensen tanto”
“hagan yoga”

Está bien que alguien haga lo que le haga bien.

Pero cuando eso se vuelve una respuesta general, sin escuchar las particularidades de la trama de ese caso,
termina siendo más una forma de tapar la pregunta que de abordarla.

Dar lugar a la palabra

Cuando no hay una causa orgánica clara,
aparece una oportunidad: escuchar la historia de esa persona, y las que la rodean.

No como algo accesorio,
sino como parte de lo que está en juego.

Hablar no es solo “contar cosas”.

Hablar permite:

  • armar un relato
  • encontrar sentidos
  • ubicar conflictos
  • abrir nuevas formas de posicionarse

Y eso, tiene efectos.
No siempre de forma directa ni inmediata, pero sí como parte de cómo cada historia se juega en el cuerpo.

El cuerpo no es solo organismo

El cuerpo humano no se reduce a lo biológico.

También es:

  • historia
  • vínculos
  • palabras
  • modos de vivir el deseo

Por eso, en situaciones donde la medicina no encuentra una causa,
no se trata de inventarla,
sino de abrir la pregunta.

Otra lectura posible

La propuesta no es reemplazar la medicina,
ni negar sus avances.

Sino sumar una dimensión que muchas veces queda afuera:

la de la palabra, la historia.

No será para todos,
pero para algunos puede ser un camino.

Volvamos a la pregunta inicial:

“¿Por qué no puedo quedar embarazada si está todo bien?”

Tal vez no haya una única respuesta.

Cuando no hay certezas, puede haber trabajo

Como se podrá ver, no se trata de certezas, sino de aperturas.
No tenemos respuestas; sí, esfuerzos de trabajo.
No una garantía, sino una apuesta.
No una explicación para todos, sino una escucha y lectura orientada a la particularidad de quien padese.

Y acaso sea justamente allí, en ese punto donde algo no encaja del todo en el discurso médico,
donde la palabra todavía tenga algo por decir.

Psicoterapia en infertilidad

Explayadas estas salvedades, nos dedicaremos fundamentalmente a las Infertilidades Enigmáticas.
Y en cuanto a aquellos casos de imposibilidad orgánica, si bien podrán contar con nuestra presencia, aquí habrá una confrontación con la coyuntura biológica que les tocó vivir.

Pero reitero: aun así, anudada a una subjetividad.
He allí una diferencia central.

No se trata de negar la medicina.
No se trata de oponer palabra y cuerpo.
No se trata de desconocer estudios, diagnósticos o intervenciones.

pero hay hay una dimensión que no aparece en los estudios

Se trata, más bien, de no aplastar la singularidad bajo el peso de una explicación universal.

Ni creer, ni reventar: crear

En cuanto a los escépticos, jugando con aquel dicho que nos propone la sabiduría popular —“creer o reventar”—,
con humor les decimos que no es necesario que crean en este dispositivo de trabajo. Y replicamos:

Ni creer, ni reventar… simplemente crear.
Crear, es decir, expresar la vía de la invención en el decir.

La función de la palabra frente a tanta aparatología

Frente al desplazamiento —al desalojo, cada vez mayor hoy en día— de la función de la palabra
frente a tanta aparatología y exámenes,
tan imprescindibles seguramente ante situaciones que lo ameriten, pero no todas,

pienso que la práctica psicoanalítica resulta más imprescindible que nunca.

¿Por qué?

Porque le otorga al sujeto la posibilidad de recuperar su dignidad subjetiva a través de la dicción, permitiéndose la expresión de su angustia.

Ante este panorama, mi convicción es la de redoblar la función de la palabra.

Es decir:

— ¿No pueden tener hijos?
— ¡No!

— ¿El médico les dijo que no tienen nada, que están sanos?
— ¡Sí!

— Bueno, hablemos de eso entonces…

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